Las salinas de interior tuvieron en antaño una gran importancia para toda la sociedad cordobesa, hasta que la falta de rentabilidad económica se convirtió en la principal causa del abandono y deterioro progresivo de las mismas, lo que viene ocurriendo desde mediados del siglo XX. Pero la realidad es que los paisajes de la sal aún transmiten la importancia que han tenido, tienen y tendrán para el desarrollo de nuestra vida cotidiana, cuyas instalaciones albergan parte de nuestra cultura hidráulica, siendo además memoria del trabajo. La presente comunicación recogerá cuatro interesantÃsimas salinas de la campiña cordobesa, todas ellas aun en funcionamiento. En estas zonas agrÃcolas, el aprovechamiento del recurso hÃdrico salado ha dado como resultado toda una cultura del medio rural y un paisaje agrario de lo más singular para el patrimonio industrial cordobés.
Introducción
La sal, una sustancia de apariencia insignificante, común en la vida cotidiana de todos, fácil de conseguir y barata, ha sido uno de los productos más codiciados durante casi toda la historia de la Humanidad, un mérito que actualmente ha caÃdo en el olvido. Es además la excepción a la regla que cumplen nuestros alimentos: ser de origen orgánico, ya que se trata de un cristal mineral, el único comestible que habita en todos los hogares.
La palabra sal es un término cientÃfico de la QuÃmica que designa a una sustancia producida por la reacción de un ácido con una base. Y es que cuando el cloro (ácido), un gas mortÃfero para los seres humanos, reacciona con el sodio (base), un sólido blando que puede inflamarse con facilidad, se convierte en cloruro sódico, popularmente conocido por «sal común», el único cristal mineral que desde tiempos pretéritos ha constituido un alimento básico para todas las civilizaciones.
La producción de sal siempre fue un elemento mineral indispensable por ser un producto económico clave para el desarrollo de la vida cotidiana. Sin embargo, la escasa competitividad de las salineras continentales frente a las del litoral ha comportado, durante la segunda mitad del siglo XX y nuestro actual milenio, el declive de las primeras, ocasionando un progresivo y acelerado proceso de cierre y posterior abandono de sus instalaciones. AsÃ, hasta el «boom» de los años 1960 las salinas de interior fueron rentables, pues la sal constituÃa el principal método de conservación de los alimentos.
Esta breve comunicación recogerá todos aquellos datos que den una idea de conjunto sobre los paisajes de la sal en zonas distantes al mar y, particularmente, del patrimonio industrial salinero ubicado en la campiña cordobesa, para lo cual se han seleccionado cuatro ejemplares aún en funcionamiento.
Situada en la zona central de AndalucÃa, al sur de la provincia de Córdoba, y enmarcada por el valle del Guadalquivir, al norte, y las sierras Subbéticas, al sur, la campiña cordobesa, de perfil suave y alomado, es un amplio territorio agrÃcola de una gran fertilidad que ha propiciado un paisaje fuertemente humanizado. El rÃo Guadajoz a su paso por la campiña cordobesa, cruza zonas con materiales muy diversos, entre los que destacan los salinos. El alto grado de salinidad que alcanzan las aguas del Guadajoz en algunos de sus tramos ha favorecido el uso histórico de las mismas, siendo el motivo por el que, a su paso por los municipios de Baena, Montilla y Córdoba, podamos encontrar no sólo restos de lo que fueron antiguos aprovechamientos salineros de gran importancia, sino salinas que conservan su capacidad funcional a dÃa de hoy.
Salinas de interior: funcionamiento
TÃpicamente, una explotación de sal continental se compone de un recurso hÃdrico terrestre (manantial, arroyo, pozo, etc.), desde donde se trasvasa el agua con la salmuera, mediante unas canalizaciones, hacia balsas de poca profundidad, llamadas pozas o piletas. AllÃ, como si de un campo irrigado se tratara, la salmuera queda extendida en una gran superficie, cuya pendiente ha sido minuciosamente planificada para poder gestionar el agua en aras de obtener el máximo rendimiento de sal. En estas llanuras es donde se sitúa la mayor parte del trabajo de los salineros; en definitiva, donde se cosecha la blanca sal.
La obtención de sal, como ya se ha mencionado anteriormente (resumen), es posible gracias a la energÃa solar y eólica para evaporar el agua y concentrar el cloruro sódico. Los cristales más pequeños y puros flotan en la superficie, siendo estos los que forman la denominada «flor de sal», tan buscada por los gourmets, que terminan precipitándose al fondo si no se recogen de inmediato. La sal concentrada debe ser rascada periódicamente para lograr que no forme una superficie dura, de tal forma que con una pala de madera pueda sacarse con el aspecto que presenta en nuestros saleros.
Tradicionalmente, el rastrillado de la salmuera se utilizaba para evitar la formación de grandes bloques de sal y obtener asà cristales finos que daban una mayor calidad al cloruro sódico: «por la mañana se regaban las eras y por la tarde habÃa que rascar y recoger toda la sal con el rodillo».
Hoy en dÃa las capas de sal, una vez que todas ellas han cristalizado, se cuartean y raspan con ayuda de maquinaria. La última fase de la producción salinera es el secado; para ello, la sal se amontona en unas zonas concretas de la explotación, normalmente planicies de distinta morfologÃa y extensión, donde el sol terminará el proceso de fabricación. Finalmente, la sal apilada se traslada hacia el almacén, donde se muele y envÃa a los demandantes según la granulometrÃa deseada.
Las salinas de la campiña cordobesa
El aprovechamiento y la comercialización de la sal han sido actividades de carácter histórico en nuestra provincia, cuyos inicios se remontan a los tiempos de la Bética romana.
Durante los cuatro meses de verano, en algunos lugares de la campiña cordobesa, la vida sigue girando en torno a la extracción de la salmuera, explotaciones que a veces siguen todavÃa funcionando más por tradición familiar que por los beneficios a obtener. El rendimiento medio de las salinas de interior que aún perduran en nuestra provincia, como últimas huellas de la presencia del mar en la geografÃa cordobesa, oscila en torno a un kilogramo de sal por cada cinco litros de agua, con un grado de pureza y calidad comparativamente superior al de la sal marina.
En Córdoba aparecen unas siete instalaciones salineras todavÃa en uso. Sin por ello querer quitar más importancia a las demás existentes, en esta comunicación se mostrarán cuatro espacios particularmente bellos de salinas existentes en la campiña cordobesa: El Puente (AlbendÃn, Baena), Duernas (municipio de Córdoba), San Francisco (Malabrigo) y La Encarnación (ambas ubicadas en el municipio de Montilla). Todas estas instalaciones difieren claramente de las del litoral, y no sólo por la procedencia del agua.
Salinas de Duernas
Citadas textualmente a partir del siglo XIII, al poco de la conquista cristiana, pero de procedencia romana, Duernas y sus salinas pasaron desde 1491 a la Casa de Aguilar y después a los Duques de Medinaceli, bajo cuyo dominio, quizás hacia el siglo XVIII, debió construirse el notable caserÃo de las salinas. La explotación de sal propiamente dicha, con una extensión de 11,5 hectáreas, está situada en el término municipal de Córdoba, siendo, históricamente hablando, una de las salinas más representativas de AndalucÃa: la Dirección General de Rentas la señalaba como una de las seis más productivas del territorio andaluz en 1821. Durante los años 1960 la explotación tenÃa contratados a una veintena de obreros, a los que se unÃan los arrieros con sus borricos, el encargado y el guarda; entonces se generaban 1.800 toneladas de sal.
Las salinas de Duernas son irrigadas con aguas provenientes de un pozo salinero que a su vez comunica con un manantial salobre ubicado en el valle del rÃo Guadajoz. En tiempos pretéritos, tanto las canalizaciones como las calles y piletas de las salinas estaban empedradas, habiéndose renovado hoy en dÃa con cemento. Los edificios actualmente conservados: almacenes de sal, antiguas viviendas, una pequeña capilla de corte barroco…, presentan un estilo arquitectónico singular. La gran producción salinera de otros tiempos ha ido reduciéndose paulatinamente hasta situarse muy por debajo de las mil toneladas en las campañas del presente milenio. Debido a las inundaciones de los últimos años, las salinas de Duernas han quedado en muy mal estado y su propietario augura el posible cierre de las instalaciones para las campañas venideras.
Salinas de La Encarnación
El arroyo del Salado, afluente del rÃo Cabra por su parte derecha, y sus acuÃferos circundantes discurren sobre lechos salobres acumulando una gran cantidad de sal en territorio montillano, cerca del municipio de Aguilar, la cual es cristalizada en pozas que constituyen, junto a otras existentes en Monturque, las instalaciones de la empresa familiar «Salinas de La Encarnación, S.L.». Sus trabajadores envasan la blanca sal con la denominación comercial «el salado» en paquetes de 1 o 25 kg, que destaca por su pureza y limpidez, cuya venta es de unas 850 toneladas anuales; además, venden también 7.500 toneladas de salmuera durante cada campaña con la intención de obtener el máximo aprovechamiento del recurso salobre. Los terrenos de las actuales salinas fueron adquiridos por D. Eloy Aguiar Valle a mediados de los años 1950, quien al construir las nuevas piletas descubrió, enterradas bajo un metro y medio de tierra, tres posas empedradas de origen antiguo. Actualmente hay en funcionamiento una superficie total de 8.000 metros cuadrados, donde se produce la evaporación del agua salobre proveniente de un pozo.
Salinas de San Francisco (Malabrigo)
Las salinas de San Francisco, popularmente conocidas como las de Malabrigo por estar situadas en el pago de tal denominación, se ubican en el T.M. de Montilla. Sus instalaciones aprovechan las aguas de un venero salobre mediante la utilización de un pozo, del cual extraen el agua, con un sistema de bombeo, para ser conducida hacia los 18.000 metros cuadrados de piletas que poseen, donde la blanca sal será la imagen definitiva en el mes de agosto. Por los hallazgos encontrados al agrandar el viejo pozo en los años 1970: un cofre con monedas romanas de oro, se piensa que los orÃgenes de estas salinas podrÃan remontarse a los tiempos de la Bética. Hoy en dÃa, la empresa familiar que las explota, «Hijos de Curro López, S.L.», produce unas mil toneladas de sal por campaña, la cual queda envasada bajo la marca «frasal» según dos tipos: de manantial o de mesa, ambos en paquetes de 1 o 25 kg.
Salinas El Puente
Las Salinas El Puente, ubicadas en AlbendÃn (Baena), son otro caso paradigmático del mantenimiento de una explotación tradicional por el propio interés de su salinero, aunque realmente funciona como actividad económica familiar de segundo grado, pues la principal son los productos agrÃcolas. Otras salinas del municipio de Baena son: las de Cuesta Paloma, Tejas Colorás y del Cucarrón.
Conclusiones
A diferencia de las sales del litoral o de mina, en las salinas de la campiña cordobesa el cloruro sódico se obtiene directamente de acuÃferos subterráneos, no siendo necesario ningún proceso posterior antes de llegar al consumidor, por lo que se considera una de las sales más naturales y ecológicas. El interés de las salinas campiñesas ubicadas en la provincia de Córdoba, además de ser lugares potenciales para la extracción de la sal, está en su aptitud para poder mostrarnos todavÃa un aprovechamiento ancestral de los recursos hÃdricos naturales, siendo además referentes económicos y culturales del territorio donde habitan. Estos medios salinos, de difÃcil pervivencia en los tiempos actuales, suponen un escenario paisajÃstico insólito para el viajero que inesperadamente se topa con ellos en plena campiña: un hallazgo de piletas con salmuera o montones de sal apilados entre cultivos herbáceos y olivares.
BibliografÃa GÓMEZ ARAGÓN, Anjhara (2010). «Salinas de interior en Baena». En Revista PH, núm. 76, pág. 63. Sevilla. Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. MORENO VEGA, Alberto; LOPEZ GÃLVEZ, MarÃa Yolanda (2011). «Los paisajes de la sal en la campiña cordobesa». En La Corredera, núm. 65 (suplemento). Montilla (Córdoba). TORRALBO OBRERO, MarÃa D. (2010). «La campiña cordobesa». En Revista PH, núm. 76, pág. 22-27. Sevilla. Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.
VARIOS AUTORES (2004). Salinas de AndalucÃa. Sevilla. ConsejerÃa de Medio Ambiente, Junta de AndalucÃa.
Notas:
1 Foto inferior: Salinas de AndalucÃa. Resto de fotografÃas: A. Moreno.
2 Arriba: Salinas de La Encarnación, S.L. Abajo: Hijos de Curro López, S.L.
3 FotografÃas de A. Moreno.
4 Ayuntamiento de Baena.