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Federico Cabello de Alba ha insistido en que “se trata de una magnÃfica y original muestra que está a disposición, tantos de todos los montillanos, como de todos aquellos de fuera de Montilla que la quieran visitarâ€. El alcalde ha hecho especial hincapié asimismo en que “con esta muestra ponemos a disposición de todos esta infraestructura, el Castillo del Gran Capitán, con un uso cultural, que inauguramos hoy. Pretendemos que el Castillo contribuya a la vida cultural de Montillaâ€, ha destacado.
Tal y como ha explicado Ana Artigas, Por narices es una aproximación al mundo de los olores desde la perspectiva de la biologÃa, de la cultura y de la experiencia directa de oler. “En nuestra sociedad, la vista es el primer sentido. El olfato, relegado en la escala de los sentidos, se halla entre la desinformación y el olvido. Se imponen los ambientes asépticos, se menosprecia todo lo que huele o se enmascara con otros olores artificiales, incluso la palabra olor ha adquirido una connotación negativa. La verbalización del mundo de los olores presenta numerosas dificultades: los adjetivos referidos a cualidades olfativas son muy escasos y normalmente se utilizan sin rigor. Pocas personas identifican las fragancias más comunesâ€, ha detallado.
PARTES DE LA EXPOSICIÓN
¿Por qué existen los olores?
La comisaria de la exposición ha resaltado que para que se pueda dar una sensación olfativa es necesario, en primer lugar, que el elemento desprenda partÃculas, es decir, que libere moléculas. “No podemos oler si no se da este fenómeno, ya que la olfacción se produce por contacto, como en el caso de los minerales en general, los objetos metálicos, el cristal y el agua (ésta, si huele, es porque contiene algo más, por ejemplo cloro)â€, ha detallado, para añadir que “en segundo lugar, es preciso que dichas partÃculas sean transportadas por un medio fÃsico, como el aire o el agua, hasta llegar a nuestro órgano olfativo. Por último, es preciso que las células del mismo sean sensibles a la substancia olorosa y que el número de partÃculas sea suficiente, es decir, que supere el umbral mÃnimo de la percepción. Si no se cumplen todas estas premisas no hay olfacción ni olor. Además, las partÃculas olorosas no pueden ser de cualquier tipo, tienen que estar formadas por carbono, hidrógeno, oxÃgeno, nitrógeno y azufre. Estas partÃculas suelen ser moléculas ligeramente solubles en agua para poder atravesar la mucosidad y deben ser solubles en lÃpidos para conectar con los receptores olfativosâ€.
Ana Artigas ha explicado asimismo que al extraer las esencias de determinadas plantas, el olor que desprenden no es exactamente igual al que nosotros conocemos e incluso en ocasiones es muy distintoâ€.
Port todo ellos, el equipo técnico de la exposición ha tenido que llevar a cabo un trabajo de investigación con el fin de conseguir una solución ni demasiado concentrada ni demasiado diluida que se correspondiese con el olor real de las substancias que se recogen en la muestra.
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La vÃa olfatoria
La comisaria ha relatado que con este nombre se entiende el conjunto de estructuras internas cuya función es hacer llegar al cerebro el estÃmulo producido por la partÃcula olorosa. “Evidentemente, esta vÃa se inicia en la nariz, que tiene una función doble. La pituitaria roja calienta y humedece el aire que respiramos. La pituitaria amarilla contiene receptores olfativos. La nariz reúne la capacidad de una planta acondicionadora de aire y la de un sistema de detección de gran sensibilidadâ€, ha puntualizado.
“Durante mucho tiempo se ignoró el mecanismo Ãntimo por el que se produce la olfacción. ¿Por qué cuando nos hallamos ante dos substancias naturales, una huele y la otra no? ¿Por qué substancias quÃmicamente muy distintas huelen igual o de una forma parecida? En 1964 John Amore formuló una teorÃa que significó un avance importante: el olor de una substancia vendrÃa determinado por la medida y la forma de la molécula. Amore estableció una tipologÃa de siete olores primarios: alcanforado, mentolado, almizclado, floral, etéreo, picante y pútrido. El resto de olores serÃan el resultado de la mezcla de estos siete olores primarios. En los últimos años se han desarrollado algunas teorÃas que modifican esta tesis estereoquÃmica. Parece claro que existen varios tipos de moléculas y se han detectado más de cien receptores diferentesâ€, ha resaltado Ana Artigas.
Origen y evolución de los olores
La comisaria ha incidido en que, tal y como se puede comprobar también en la muestra, el desarrollo de los sentidos constituye una pieza clave de la evolución de los animales, les permite adaptarse al entorno y responder a los cambios que se producen en él. “Los sentidos reciben información del ambiente, en forma de estÃmulos fÃsicos y quÃmicos, y la transmiten al cerebro. La estructura y la localización de los sentidos son muy diversas. Un ejemplo curioso puede ser el de las mariposas: tienen receptores gustativos en las patas, para identificar las flores de las que chupan el néctar. El olfato, muy sensible, está situado en las antenasâ€, ha insistido.
Ana Artigas ha explicado asimismo que en algunas especies, la sensibilidad olfativa es extraordinaria. “Entre los invertebrados destaca la de los insectos. Entre los vertebrados, la de los mamÃferos, en particular los roedores, felinos y cánidos. El hombre, a pesar de no destacar entre los animales por su sentido olfativo, como mamÃfero tiene una capacidad de oler alta. Además, utiliza la percepción más elevada de otros animales: cerdos para encontrar trufas, perros para cazar, buscar personas o localizar drogasâ€, ha detallado, para añadir que “otra de las cualidades del olfato es la persistencia del estÃmulo externo. Un animal no puede ver, sentir o tocar algo que no esté delante de él. En cambio, por medio del olfato, sà se puede captar la presencia de algo, incluso pasados unos dÃas. Es la consecuencia de la persistencia de las substancias olorosas, que siguen emitiendo partÃculas identificables durante mucho tiempo. Por ello un perro puede seguir el rastro de un zorro o un conejo, una mariposa macho encuentra a su pareja a un kilómetro de distancia, sin ni siquiera haberla visto u oÃdo, o un felino refuerza su presencia para que sea captada por cualquier competidorâ€.
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El Castilla del Gran Capitán acoge una nueva exposicón. Federico Cabello, alcalde de Montilla; Juan Antonio Comino, director de área de negocio de ‘la Caixa’; y Ana Artigas, comisaria han inaugurado la exposición Por narices. Esencias y fragancias naturales. Cerrar los ojos, dejar correr la imaginación y oler fragancias tan naturales como la canela, la violeta, la mirra o el limón, pero oler también la nauseabunda secreción lÃquida de la civeta (un pequeño animal africano), con la que según la leyenda se perfumaba el rey Salomón, es el único reto que debe aceptar el visitante para entrar en el fascinante mundo de los olores sintetizado en esta exposición de la Obra Social ‘la Caixa’.